See PRO editionSee PRO edition
See other templatesSee other templates
Seo Sosyal MedyaWordpress Editlemewordpress temaCyberizm
HomeEventosSalidasTRAS LAS HUELLAS DE LA ESPELEOLOGÍA CORDOBESA

TRAS LAS HUELLAS DE LA ESPELEOLOGÍA CORDOBESA

El puente del Pilar ha dado para mucho en el aspecto espeleológico. Reflejo de ello han sido los trabajos realizados en Sorbas por ocho compañeros a lo largo de todo el puente, de lo cual se habla en el artículo anteriormente publicado en la página web del G40.
Por otro lado el domingo día 10 dos miembros del Grupo, Dario Prieto y Julio Guijarro hicieron turismo espeleológico en la Cueva de la Tinaja en Tolox (Málaga). Que de vez en cuando está bien olvidarse del trabajo e ir de cuevas por el simple placer de hacerlas, disfrutando de sus encantos, de los cuales tiene muchos la citada cavidad.

La presente crónica se va a centrar en dos salidas que son las que dan nombre a este artículo. Fueron realizadas en la mañana y tarde del día 12 y en ellas participaron 4 miembros del Grupo Espeleológico G40 (Lola Bretones, Rafa Martínez, Juan Antonio Moriana y Rafa Bermúdez). Pero antes haremos un poco de historia para centrar el tema:

El día 24 de octubre de 2009 en reunión extraordinaria de la Junta Directiva del Grupo Espeleológico G40 se propone, debate y posteriormente se acuerda ampliar el campo de actuación del Grupo a toda la provincia de Córdoba (que hasta ese momento se ceñía al ámbito de las Sierras Subbéticas Cordobesas). Se decide de manera consensuada que se seguirá trabajando de igual manera que hasta el momento en el catálogo que tan sólo cambiará su nombre de "Catálogo de Cavidades de las Sierras Subbéticas Cordobesas" por el de “Catálogo de Cavidades de la Provincia de Córdoba".

Del mismo modo se venía ideando desde hacía meses la realización de un proyecto donde se haría un estudio histórico de la espeleología cordobesa y sus cavidades. El acuerdo citado sería su punto de partida. Uno de sus apartados lo constituiría el estudio histórico de cavidades citadas en textos antiguos (Manuel de  Góngora y Martínez, Vilanova Piera, Puig Larraz, Carbonell Trillo-Figuerroa, Bernier Luque...etc), en los inicios de la espeleología moderna o en la tradición oral. Ello incluía la búsqueda y exploración de las que no se hallaran dentro del Catálogo hasta el momento realizado por el G40. Para ello se estaba realizando previamente un vaciado bibliográfico por parte Rafael Bermúdez. El nombre de dicho proyecto sería “Tras las Huellas de la Espeleología Cordobesa”.

La inmensa mayoría de las cavidades cordobesas están situadas en el sur de la provincia en las Sierras Subbéticas. En realidad, salvo excepciones como la Cueva del Yeso o la Sima del Ángel por citar dos de las más conocidas, las cavidades fuera del parque tienen escasa relevancia a nivel espeleológico y poco desarrollo ya sea horizontal o vertical. No por ello deben de ser relegadas al ostracismo siendo excluidas del mapa espeleológico provincial. El escaso interés espeleológico a la hora de su catalogación y estudio puede ser compensado en muchas de ellas con creces por el histórico, geológico, arqueológico, etnográfico o por cualquiera de otro índole. Éste sería el caso de las dos cuevas a visitar el día del Pilar.

He aquí la crónica de la salida  adornada con algunos pinceladas históricas o arqueológicas: dentro del casco urbano de Córdoba nos dirigimos al barrio periférico del Naranjo. Desde el coche pudimos ver el lugar donde se haya la Cueva de la Arruzafa, la cual tiene que ver más con la historia de eremitas y monjes que con el interés espeleológico. Pero en ésta ocasión no era nuestro objetivo. Aparcamos el coche en los extrarradios urbanos buscando lo que fue el trazado de la línea de ferrocarril Córdoba-Almorchón, ahora  camino sin vías. La primera parada interesante la hicimos junto al llamado

"Castillo del Maimón", que por cierto no tiene nada que ver con un castillo sino con una construcción hidráulica de época romana que está relacionada con el acueducto “aqua nova domitiana augusta” que traía agua del río Pedroche. Éste junto con los dos ya existentes surtía de agua a la ciudad de Córdoba convirtiéndola en una de las mejores abastecidas del imperio. Como no llevábamos agua nos desviamos varios cientos de metros para acercarnos a una alcubilla, construcciones realizadas par la captación de agua de veneros y posterior distribución. Es llamada la “Fuente de las Ranas” y aunque su remate actual es moderno, la base es de obra musulmana. Durante este trayecto tuvimos oportunidad de ver restos del citado acueducto.

Pronto pasamos por la base del Puente de Hierro. Este bello ejemplo de ingeniería civil se haya sobre el Arroyo Pedroche como parte de la que fue línea férrea que Córdoba-Almorchón (Badajoz), y más concretamente en su punto kilométrico 4.590. Sirvió de medio de transporte para el mineral extraído en el norte de Córdoba. Tiene 159,4 metros de longitud y reposa en dos pilastras de mampostería que alcanzan los 33 metros de media en altura sobre el arroyo. A su altura el arroyo Pedroche recibe por su derecha las aguas del arroyo Santo Domingo. Tras un siglo de funcionamiento se suprimió su uso para viajeros y su escaso uso poco después provocó el práctico cierre de la línea. En la actualidad el puente ha quedado como testigo mudo de lo que fue una gloriosa época para el transporte ferroviario.

Y empezamos la búsqueda con la única referencia dada de que las cuevas se encontraban en la zona del Puente de Hierro. En 1963 Emilio Retamosa Andreu, miembro del Grupo Espeleológico Ambrosio Morales de Córdoba, dependiente de la O.J.E cordobesa, publica un artículo en el Boletín de la Real Academia de Córdoba en la que presenta un escueto estudio sobre tres cuevas tipo de la zona del Puente de Hierro realizado en marzo del citado año con su representación topográfica. Lo único que teníamos que hacer era buscarlas y contrastarlas con las topos que teníamos en la mano. Fácil ¿no?, pues que se lo digan al que nunca ha buscado una cueva sin referencias dadas por un GPS.

Tras mucho patear tan sólo hallamos una que por su boca era como para no verla, la “Cueva del Puente de Hierro I” según el estudio anteriormente citado.

La cercanía a Córdoba, la amplitud de su entrada y su localización visual desde el paso férreo ha hecho que sea una cueva conocida por los cordobeses. A ello contribuye el ser una zona periurbana utilizada como zona de ocio. En nuestra visita nos tocamos con numerosos grupos de personas que practicaban el senderismo, hacían recorridos en bicicleta de montaña o motocicleta o realizaban los tradicionales peroles en sus inmediaciones. Precisamente la zona ha sido históricamente un lugar muy elegido para dicha actividad.

Su génesis la encontramos como una surgencia fósil motivada al profundizar el arroyo su cause. De manera sucinta se podría definir como un gran abrigo formado en calcarenita miocénica tabular. De su origen marino nos hablan los fósiles que encontramos en las paredes. Va perdiendo altura hasta que se emboca en su parte más distal en una estrecha galería. La surgencia de agua ha ido ensanchando la galería hasta que en la zona más pegada al cortado se han ido desprendiendo las tablas del techo formando el vestíbulo.

La degradación antrópica en su interior es brutal. Existe una gran acumulación de vertidos inorgánicos que hacen de ella un verdadero basurero. Sobre todo latas, plásticos, bolsas y pequeños enseres. Preguntado el motivo de dicha proliferación de basura a una persona que poseía un corral frente a ella, nos comentó que hasta hacía poco tiempo habían estado allí viviendo dos personas. Igualmente nos dijo que creía que no se hallaban e

n pleno uso de sus facultades mentales, ya que fueron acumulando inmundicias y viviendo entre ellas. Viendo lo visto no sería de extrañar que tuvieran síndrome de diógenes. Esto agrava más aún si cabe las precarias condiciones en las que se vive en este tipo de espacios siempre húmedos, fríos y faltos de toda comodidad y servicios que nos puede ofrecer una vivienda. Además habría que añadir que existen gran cantidad de grabados modernos en sus paredes y que el techo está totalmente tiznado de negro de haber realizado fogatas en su interior y haber quemado las acumulaciones de basura.

Las cuevas fueron utilizadas como zona de habitat usual en la prehistoria. Tras ésta, por un motivo u otro, a lo largo del tiempo han servido de albergue humano durante periodos de tiempo menos dilatados. Si nos centramos en períodos recientes hay constancia que muchas de ellas sirvieron de vivienda, algunas de ellas tal cual y otras modificadas o reexcavadas, para familias de escasos recursos en el difícil periodo de la posguerra civil española. En casos más extremos de necesidad perduraron en el tiempo. Salvo casos excepcionales las cuevas naturales dejaron de ser utilizadas pero a lo largo del siglo XXI se ha vuelto a ver como se iban de nuevo habitando de manera puntual por población marginal e inmigrantes.

Durante la visita realizada a la zona del Puente del hierro pudimos comprobar lo citado, ya que además de ver tres asentamientos al aire libre pudimos ver un abrigo que se quedó sin estudiar al estar habitado.

Por último iniciamos la búsqueda de la Cueva de la Marquesa, ubicada en los Llanos de la Marquesa, pero la falta de tiempo nos hizo abandonar la búsqueda. Visto lo visto con posterioridad me puse en contacto con un par de grupos senderistas cordobeses pidiéndoles información sobre la localización exacta de la cueva y Alberto, del Grupo Ocho Picos, me ha  remitido muy amablemente un amplio dosier sobre ello.

Por la tarde cambiamos de posición hacia otra zona de la periferia cordobesa. Desde Córdoba tomamos la carretera denominada Sta María de Trasierra (CO- 110), ganando altura hasta 260 metros previos al mirador llamado “de las Niñas”. En el citado lugar la carretera hace una curva cerrada hacia la derecha y a mano izquierda hay una pequeña explanada de la que parte un carril de labor. Dejamos el vehículo en dicha explanada. Desde allí Rafa Martínez nos dirigió hasta la llamada “Cueva de la  Huerta de los Arcos” o también del Eremitorio o del Monje.

Desde el amplio escalón en que se sitúa la Cueva y desde ésta misma se domina visualmente en días propicios para ello un gran sector central del valle del Guadalquivir, siendo visibles las cotas superiores de Sierra Nevada, Martos, El Monte Horquera y la Sierra de Cabra. Enfocado al área sur, los terrenos del Patriarca, Casilla del Guarda, y los amplios llanos sobre los que se asienta la actual Ciudad de Córdoba.

De escaso recorrido la podríamos describir de manera escueta como dos entradas situadas en un pequeño farallón  rocoso que delimita una plataforma travertínica. Ambas entradas dan acceso a sendas salas que se comunican por un pasillo.

Ésta cavidad tiene mucha historia y mucho que ver con los Eremitas cristianos. Para entender el porqué de los eremitas y su posible ocupación de la cueva tendríamos que hacer de nuevo un poco de historia: los orígenes eremíticos de la cristiandad los hemos de buscar en oriente (siglo III) en los primeros tiempos de la iglesia, cuando tras las persecuciones los cristianos tenían que buscar sitios aislados para refugiarse. Pero la sierra de Córdoba y el obispo cordobés Osio tienen mucho que ver  ya que se puede considerar cuna de los anacoretas en España. Las estribaciones de Sierra Morena sirvieron desde los primeros momentos del cristianismo en España para el refugio de eremitas habitando en cuevas y covachas buscaban a Dios en su interior alejándose de la civilización. En la zona que va de la Arruzafa a la Albaida se piensa que lo hicieron bajo la protección del Osio a partir del siglo III, manteniéndose después en el lugar hasta que fueron recogidos en cenobios. La Cueva de la Huerta de los Arcos según la creencia popular fue uno de esos eremitorios. Carbonell Trillo-figeroa hace referencia a ello en un catálogo de cavidades de Córdoba que publica en 1917. En 1926 incluye en una de sus obras una fotografía con un eremita con hábito de monje en la puerta de la cueva. Se trataba de

una recreación hecha de palo y vestida con una túnica que se hallaba en su interior. Era visitada por las personas que se acercaban al lugar depositando monedas  en un plato que supuestamente se destinaban a la caridad.

Su exterior e interior fue acondicionado antrópicamente con la realización de asientos, escalones, plataformas, ampliando zonas de paso y preparativos para cerramiento de su sala mayor.

La cavidad de sitúa en la denominada Finca de la Huerta de los Arcos (de ahí su nombre), propiedad de la Casa de los Marqueses de la Vega y Armijo hasta 1911.  Es curioso que de entre los numerosos letreros históricos que se pintaron en sus paredes ninguno lo sea de fecha anterior, empezando su cronología en 1912. Da que pensar este dato, ¿sería que ocurrió algún hecho que motivó estas “peregrinaciones”? o ¿quizás fuera que el marquesado impidiera su visita poniéndose de moda al retirarse del lugar?. Fuese de una manera u otra desde que dejara de ser propiedad del marqués se inició el peregrinar de cordobeses para verla tanto a ella como al monje y las excepcionales vista que se contemplan desde su exterior. Recientemente se ha querido hacer un reconocimiento a los ermitaños que poblaban la zona colocando unos azulejos con la leyenda “En memoria del ermitaño anónimo”.

Previamente a la visita a las cavidades se había recogido toda la información escrita u oral que se pudo recabar. Con ello y los datos de campo se realizaran sendos informes sobre todos los aspectos que se consideren interesantes. Poco a poco, con toda la información acumulada se podrá ir reconstruyendo la historia de la espeleología cordobesa. Si alguno de los hipotéticos lectores de este artículo puede hacer alguna aportación a ella que no dude en ponerse en contacto con nosotros a través de los canales que ofrece nuestra página web (g40espeleo.com). Toda la información sobre textos antiguos que hagan referencia a cavidades, tradición oral, cuentos, mitos, leyendas, etnografía, etc, serán motivo de agradecimiento.

 

BIBLIOGRAFÍA

Carbonell y Trillo –Figueroa, A. (1926): La línea tectónica del Guadalquivir. Instituto Geológico de España, Madrid. 1926.

CARBONEL TRILLO –FIGUERO, A. (1.945): “Espeleología Cordobesa”. Boletín de la Real Academia de Ciencia y Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, nº 53. Año XVI. Abril-junio 1945. Córdoba. Pp 213-222.

CORDOBAPEDIA (2010): “Puente de Hierro” y “Huerta de los Arcos”. “Las Ermitas”. Google.

RETAMOSA ANDREU, E. (1963): “Notas sobre espeleología cordobesa”. Boletín de la Real Academia de Letras y Bellas Artes de Córdoba, nº 85. Córdoba. Pp 281-82. 3 hojas de planos.

 

Artículo realizado por Rafa Bermúdez con las inestimables aportacionoes de Rafa Martínez.

Fotografía: Rafa Martínez y Julio Guijarro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Usuarios Registrados

Publicaciones Online

¿Que es Scribd? Scribd, es un sitio web para compartir documentos

Ir a G40 Scribd...

Publicaciones Digitales

Ir a G40 Scribd

 

  ¿Que es Scribd? Scribd, es un sitio web para compartir documentos

  Ir a G40 Scribd...

Compartenos en la red

Free business joomla templates