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TRAS LAS HUELLAS DE LA ESPELEOLOGÍA CORDOBESA. LA CUEVA DEL TEMPRANILLO

TRAS LAS HUELLAS DE LA ESPELEOLOGÍA CORDOBESA. LA CUEVA DEL TEMPRANILLO

 

El pasado día 14 de octubre los miembros del Grupo Espeleológico G40 de Priego, Rafael María Martínez y Lola Bretones realizaron una nueva visita a la Cueva del Tempranillo, ubicada en el entorno del paraje conocido como “Cuesta del Espino”. Término municipal de Córdoba.

La actividad estaba enmarcada en el proyecto “Tras las Huellas de la Espeleología Cordobesa” con el objetivo de incluir la cavidad en cuestión en el Catálogo de Cavidades de Córdoba en continuo proceso de elaboración por parte del G40.

Con los datos aportados por los dos espeleólogos citados y los por mi parte recogidos en un vaciado bibliográfico previo, se ha elaborado el informe de la cueva, cuyo extracto aportamos en el presente artículo.

 

 

 

 

 

            El acceso a la misma se realiza a partir del antiguo trazado de la N-IV, que iba de Córdoba a Sevilla, al que en la actualidad se llega a partir de un acceso situado entre el p unto kilométrico 415 y el 416, justo antes de llegar a éste último, de la actual A-4 (Autovía del Sur).

 

HISTORIA

            La cueva tiene un escaso interés espeleológico, lo que no podemos decir de su aspecto histórico. Era conocida de antiguo, al encontrarse en la Cuesta del Espino, tramo del antiguo Camino Real de diligencias entre Madrid y Cádiz y que rodea al Cerro de la Plata, conocido por exhibir uno de los famosos Toros de Osborne. Conocida como guarida de bandoleros que se dedicaban a asaltar a los transeúntes que pasaban por el mismo. Los salteadores aprovechaban la pérdida de velocidad de los carruajes al atravesar la cuesta para salir de sus escondites al paso de alguna de las curvas sin visibilidad que presenta. Su nombre, del “Tempranillo”, procedería de uno de estos famosos salteadores, José María Hinojosa Cobacho (1805- 1833). De hecho, es conocida en España la tradicional expresión de sorpresa ante un precio alto “¡A robar a la Cuesta del Espino!”.

            En MARTÍNEZ CASTRO, A. (2005) amplia este bandidaje en la zona de la edad moderna y contemporánea a época romana al ser una zona rural y montuosa “…siendo un fenómeno difícil de erradicar debido, sin duda, a una larga tradición y al ser un lugar propicio para el robo y el asalto, tanto por estar relativamente despoblado como por ser lugar de paso de una importante vía por la que circulaban muchas personas y riquezas”. Según se extrae de dicho artículo la investigación histórica y arqueológica ha conseguido identificar tres lugares más o menos seguros por donde pasara la Vía Augusta. El paso del tiempo y la superposición de carreteras han dejado pocos restos o indicios para ello. Uno de esos tres lugares es la Cuesta del Espino.

            Según el mismo autor “…era una arteria terrestre importante no tanto por no tanto por su mayor calidad respecto a otras vías de Hispania como por las fértiles tierras y las importantes ciudades que enlazaba (entre ellas, las cuatro capitales de la provincia Hispania Ulterior Baetica: Gades,Hispalis, Astigi y Corduba, y a su vez éstas con Roma). Debía de ser, pues, la vía por la que se llevaría a cabo de manera mayoritaria la comunicación oficial entre estos importantes núcleos romanizadores y la capital del imperio”.

            Dicha “tradición bandoleresca” y su introducción en el acerbo popular ha hecho que la que nos ocupa no sea la única con el nombre de uno de los más célebres de los bandolereros. En la relación de cavidades existente en CARBONELL TRILLO –FIGUERO, A. (1.945) se recoge: “ …Cuevas e indicios de ellas en la Chimorra y sus inmediaciones. Así en la carretera de Villanueva del Duque a Córdoba, en el Puerto Calatraveño, existe la llamada Cueva de Mateo Fernández y otras, una de ellas llamada José María el Tempranillo, que no ha sido explorada...”. En MORA LUQUE, J. A. (2006) se cita la misma cueva del Puerto Calatraveño y añade otra otra en Hornachuelos. De seguro que en la geografía cordobesa, muy transitada por bandoleros y difundidas sus historias y leyendas existen más cavidades que se relacionen con el Tempranillo y que no hayan llegado a nuestros oídos.

            Para indagar sobre las primeras referencias escritas sobre cavidadades con un caracter puramente espeleológico debemos de retrotraernos hasta el primer cuarto del siglo XX. El inicio de la historia de la espeleología cordobesa va ligada íntimamente a la arqueología. A lo largo del siglo XIX y buena parte del XX los ingenieros de minas realizaron una gran labor en pro de la arqueología, llegando a cubrir espacios que los arqueólogos convencional no cubrían. En el curso de su vida laboral, en sus trabajos de campo, se topaban con yacimientos arqueológicos ante los cuales tenían suficientes conocimientos para su interpretación y estudio. Hasta el siglo XX fueron pocos los arqueólogos que se educaron en dicha disciplina por lo que este hueco fue cubierto, en parte, por los ingenieros de minas. Según Chapman existían dos tipos de arqueólogos: los procedentes del campo de las humanidades y los que venían del campo de las ciencias naturales, con métodos de trabajo diferenciados. Entre el segundo grupo se integrarían los “ingenieros de minas arqueólogos”. Incluso desde las instituciones mineras se pedía a los responsables de las nimas que prestaran atención ante los hallazgos arqueológicos. Entre sus trabajos se podía encontrar referencias o estudios sobre dicha materia.

            He aquí el motivo por el que las primeras noticias sobre cuevas cordobesas nos las de el ingeniero de minas cordobés y miembro de la Real Academia de Córdoba Antonio Carbonell Trillo-Figueroa. Éste supo entender la relación entre Prehistoria y cavidades, siendo uno de los pioneros de esta materia en Córdoba. Geólogo de campo recogía en su libreta cuanto observaba confeccionando no sólo algo parecido a una carta arqueológica, sino también referencias de cavidades. Habría que decir que entre sus intereses no estaba tan sólo los geológicos, sino que también los arqueológicos y espeleológicos. Durante la primera mitad del del pasado siglo "el gran pateador de las sierras cordobesas…de quien pueda decirse que no habrá rincón que escapa a su curiosidad…”, como lo calificara en su día Juan Bernier Luque, incluye en su ingente labor científica algunas referencias a cavidades de la provincia de Córdoba.

            Llega incluso a realizar los que se pudieran denominar como primeros catálogos de cavidades dedicados exclusivamente a ésta. Uno de ellos junto con Galindo Alcedo es publicado en 1917 en el diario semanal independiente "Córdoba". En dicha relación alude brevemente a la cavidad que nos ocupa: "...Cueva de la Cuesta del Espino en un tiempo guarida de salteadores“. El otro en el año 1945, cerca ya de su muerte, en el Boletín de la Real Academia de Ciencia y Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba número 53: “Por último y por lo que se refiere al término de Córdoba, en la Cuesta del Espino, existía una cueva llamada de José María que era un socavón de  unos 20 metros con dos accesos, en las inmediaciones del kilómetro 416 de la carretera de Madrid a Cádiz. Esta y otras menores, han quedado casi cubiertas al modificar el trazado de esa vía”.

            De la Cueva del Tempranillo ella el historiador y poeta Juan Bernier Luque nos dice en su Diario póstumo: “¡Dios quisiera que no nos dieran las tinieblas pasando por la célebre cueva! Porque sobre ella yo había oído narrar historias y mas historias que escuchaba con respeto, con los ojos brillantes y la boca abierta, dejándome envolver una sensación de miedo. El coche subía entre curvas solitarias y yo miraba los horizontes pelados, las tierras de labor solas, completamente solas. Por fin, a partir de una curva dominante, comenzamos a bajar. Ya había algo de maleza y restos de una tierra salvaje que la mano del hombre había roturado. Y asomamos todos las cabezas, deseosos de contemplar las cuevas famosas…. Sí. Allí, a la izquierda, su boca negra daba pavor a la imaginación. Fue apenas un instante.”

            Su enclave en lugar despoblado y su lejanía de Córdoba y otros núcleos urbanos han hecho que no se halla accedido mucho a la misma. No por ello, su interés histórico, ha hecho que reciba visitas a lo largo del tiempo. La frecuentación humana, así como la guarda de ganado parecen haber ampliado el techo de la sala que conforma la cavidad. Su superficie se encuentra muy tiznada de hollín, fruto de candelas ocasionales, estando presentes botellas, latas de sardinas y basura propia de refugios nocturnos ocasionales.

           

Boca de la cavidad en mitad del cortado

 

5.-Breve DESCRIPCIÓN

            Se trata de una pequeña cavidad que cuenta con dos salas de reducidas dimensiones. De recorrido horizontal,  fácil progresión y nula en formaciones litogénicas. 

            El suelo de la cavidad está formado por margocalizas, restos del hundimiento de la propia cueva y restos antrópicos y de animales que se han ido acumulando en el mismo. Las paredes están formadas por cantos de cuarcita, margocalizas y conglomerados Miocenos, modificados en gran parte por la acción antrópica.

            La cavidad practicable se encuentra abierta en estratos del tramo inferior del Tortoniense, típicos del Mioceno campiñés, en donde bandas de arenisca y microconglomerado se alternan con conglomerados de cantos de origen marino, principalmente cuarcíticos. En este sentido la génesis de la cavidad parece originada a partir de una campana de hundimiento fundamentalmente en el paquete conglomerático, abriéndose en la sala principal una especie de cúpula absidiada.

BIBLIOGRAFÍA

            BERNIER LUQUE, J. (2011) (diario póstumo): “Diario de Juan Bernier Luque”. Editorial Pretextos. 2011.

            CARBONELL, A.; GALINDO ALCEDO, M. (1917): “Grutas y cavernas de la provincia de Córdoba”. Córdoba, diario semanal independiente, año II, número 23. 1917. Pp 3-5.

CARBONELL TRILLO –FIGUERO, A. (1.945): “Espeleología Cordobesa”. Boletín de la Real Academia de Ciencia y Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, nº 53. Año XVI. Abril-junio 1945. Córdoba. Pp 213-222.

            MARTÍNEZ CASTRO, A. (2005): “El tramo de la Vía Augusta entre Corduba y Astigi. Una aproximación de detalle a su recorrido y características constructivas”. ANTIQVITAS, nº 17. Publicación del Museo Histórico Municipal de Priego de Córdoba. Pp 57-70.

            MORA LUQUE, J. A. (2006): Cuevas y simas de la provincia de Córdoba. Estudios de medio ambiente provincial. Diputación de Córdoba. 114 pp.

 

            Fuentes:

            Archivos del Grupo Espeleológico G40.

            BERMÚDEZ CANO R. (2011): “Bibliografía de las cavidades de Córdoba”. Actualizada a octubre de 2012.

            GRUPO ESPELEOLÓGICO G40 DE PRIEGO DE CÓRDOBA (2012): “Catálogo de Cavidades de la Provincia de Córdoba Actualizado a 2012”. Priego de Córdoba. 2012.

 

            Fotografías: Rafael María Martínez y Maria Dolores Bretones.

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